Alito Moreno busca alianza electoral para el PRI

Entre ataques a Morena, elogios al PAN y una insistente invitación a la unidad opositora, Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI, dejó claro que su partido ya comenzó a buscar con quién caminar rumbo a las elecciones de 2027. En rueda de prensa, durante su visita a Guanajuato capital, el priista defendió la construcción de coaliciones electorales y aseguró que el objetivo es frenar el avance de Morena, aunque también advirtió que el tricolor está dispuesto a competir solo si los acuerdos no le favorecen.

Con un discurso que por momentos pareció más una declaración de guerra que una negociación política, Moreno arremetió contra Morena, al que acusó de corrupción, de mantener presuntos vínculos con el crimen organizado y de incumplir sus promesas de campaña. El dirigente recordó las tres palabras que han identificado el discurso de la llamada Cuarta Transformación: “no mentir, no robar y no traicionar”, para sostener que, desde su perspectiva, el partido gobernante terminó haciendo precisamente lo contrario. Eso sí, mientras exigía honestidad a sus adversarios, el líder priista también aprovechó el micrófono para presumir que, cuando el PRI gobierna, las cosas funcionan, una afirmación que seguramente invita a revisar los expedientes de la historia política nacional.

Pero si con Morena el romance está definitivamente cancelado, con el PAN la historia es otra. Moreno reconoció que mantiene comunicación con figuras como Vicente Fox y Juan Carlos Romero Hicks, con quienes comparte, según dijo, la preocupación por el futuro del país. La coalición, explicó, tendría que construirse con tres componentes: un acuerdo electoral para competir con las candidaturas más competitivas, una agenda legislativa común y un eventual gobierno de coalición. En términos menos solemnes, el PRI quiere sentarse a negociar candidaturas, distritos y municipios, sin que necesariamente le toque poner la mesa y pagar toda la cuenta.

En Guanajuato, donde el PAN conserva el control del gobierno estatal, el reparto de espacios será uno de los puntos más delicados. Moreno señaló que las dirigencias analizan los 46 municipios y los distritos locales y federales para determinar dónde conviene competir en alianza y dónde hacerlo por separado. Incluso puso sobre la mesa la posibilidad de coaliciones parciales: mencionó como referencia una alianza en alrededor de 16 o 17 municipios y en seis o siete distritos locales, aunque aclaró que las decisiones dependerán de la competitividad y de los acuerdos entre los partidos. La pregunta inevitable es si el PRI llegará a la negociación como socio con peso propio o terminará conformándose con los espacios que le dejen sus posibles aliados.

El dirigente insistió en que la prioridad deben ser los ciudadanos y no los intereses de los partidos, mientras defendía los resultados de los gobiernos priistas y mencionaba a San Miguel de Allende como ejemplo de una administración con fortaleza turística y crecimiento económico. También aseguró que el tricolor conserva cuadros capaces de competir sin ayuda del PAN. Una postura que suena a advertencia para la mesa de negociación: el PRI quiere alianza, pero no quiere que lo traten como invitado de último minuto.

Moreno también dirigió sus críticas a Movimiento Ciudadano, al que acusó de dividir el voto opositor y favorecer indirectamente a Morena. Con ello, dejó prácticamente descartada cualquier coalición con ese partido, al tiempo que defendió la necesidad de sumar fuerzas con Acción Nacional y otros actores políticos. Así, mientras el discurso público habla de unidad, respeto y competitividad, detrás de las declaraciones se asoma la disputa por candidaturas, posiciones legislativas y gobiernos municipales.

Al final, la rueda de prensa dejó una postal muy priista un partido que presume experiencia, asegura estar listo para competir en solitario, pero dedica buena parte de su discurso a explicar por qué necesita sumar fuerzas. Moreno quiere una coalición basada en el respeto, aunque todavía falta conocer cómo se traducirá ese respeto en candidaturas y espacios de poder. Porque en política, como en las relaciones complicadas, todos hablan de amor por México, pero la verdadera prueba llega cuando toca decidir quién se queda con la casa, quién con el coche y quién apenas alcanza lugar en la fotografía.