
Mientras las calles se llenan de luces, cenas y reuniones familiares, para miles de personas diciembre no es sinónimo de celebración. Es una etapa que profundiza ausencias, aprieta las deudas, revive duelos y acentúa la soledad. En medio de esta contradicción cuando “todos parecen estar bien” la llamada depresión decembrina se vuelve más pesada y, en algunos casos, peligrosa.
En Guanajuato, el problema no es menor. Durante este 2025, la Secretaría de Salud del estado ha brindado atención especializada a 27 mil 578 personas con algún grado de riesgo suicida, detectado a partir de consultas de salud mental. Son cifras que reflejan una realidad incómoda: hay quienes, en esta época del año, sienten que ya no pueden más.
La presión social por “estar bien”, la falta de recursos económicos, los conflictos familiares, la pérdida de seres queridos o simplemente el sentirse solos, pueden llevar a pensamientos oscuros. Para algunos, la desesperación llega al punto de considerar “salir por la puerta falsa”. Pero el mensaje central es claro y urgente: no están solos y sí existe ayuda.
Las autoridades de salud señalan que miles de personas que llegaron a consulta en momentos críticos lograron recuperar el sentido de la vida gracias a atención psicológica especializada. Esto demuestra que la depresión, incluso en sus momentos más profundos, no es una sentencia definitiva.
La Secretaría de Salud de Guanajuato hace un llamado a la población a no minimizar las señales de alerta: cambios drásticos de conducta, aislamiento, expresiones de desesperanza, tristeza constante o comentarios sobre no querer seguir viviendo. Identificarlas a tiempo en un familiar, un amigo o un compañero puede marcar la diferencia.
Como parte de las estrategias de prevención, el estado mantiene activo el Centro de Atención Telefónica en Crisis Psicológica, con la línea 01 800 290 00 24, disponible las 24 horas del día, los 365 días del año. Una llamada puede ser el primer paso para salir del túnel.
Hablar de depresión y suicidio sigue siendo incómodo, pero callarlo es más peligroso. En una temporada donde el discurso dominante es la unión y la alegría, también es necesario abrir espacio para quienes no se sienten así. Pedir ayuda no es un signo de debilidad, es un acto de valentía.
Si diciembre pesa, si la noche se siente larga o si parece que no hay salida, vale recordarlo: hay personas dispuestas a escuchar, hay profesionales preparados para ayudar y hay caminos que aún no se ven, pero existen. La vida, incluso en sus momentos más fríos, puede volver a encontrar luz.





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