De la unidad al berrinche

Morena exhibe su fractura interna en el Congreso de Guanajuato

Lo que comenzó como un desacuerdo interno terminó por convertirse en una fractura visible y pública. En los últimos meses, el grupo parlamentario de Morena en el Congreso del Estado de Guanajuato ha dejado al descubierto una serie de conflictos que evidencian divisiones internas, disputas por el poder y una lucha de egos que ya no solo se vive puertas cerradas, sino que es observada y señalada por otras fuerzas políticas contrarias.

Las primeras señales claras de esta ruptura se remontan a agosto pasado, cuando Morena decidió renovar su coordinación parlamentaria. La designación de Luis Ricardo Ferro Baeza como nuevo coordinador, en sustitución de David Martínez Mendizábal, no fue un proceso terso. Antes del nombramiento, al interior de la bancada se habló abiertamente de una contienda interna en la que el nombre de María Eugenia García Oliveros cobró fuerza, acompañada de discursos que apelaban a que “era tiempo de mujeres”, discurso que quedo en eso discursos, pues la mayoria opto por un hombre.

La propia diputada García Oliveros se mostró entusiasta en entrevistas, convencida de que desde la coordinación podría impulsar con mayor fuerza una agenda progresista que incluye la despenalización del aborto, el matrimonio igualitario y la prohibición de las llamadas terapias de conversión. Sin embargo, su exclusión del liderazgo marcó un punto de quiebre que, lejos de cerrarse, se profundizó con el paso de las semanas.

El conflicto escaló cuando Morena anunció cambios en diversas comisiones legislativas, entre ellas Medio Ambiente, Turismo, Derechos Humanos, y Asuntos Municipales. No obstante, el mayor revuelo se generó en la Comisión de Justicia, donde María Eugenia García fue removida de la presidencia, como si de un castigo se tratara. La diputada calificó la decisión como injustificada y carente de argumentos, reclamo que solo encontró eco en su compañera Maribel Aguilar González.

Pese a las inconformidades, los cambios fueron avalados por el Pleno con 25 votos a favor, seis votos diferenciados y un voto nulo, dejando a García Oliveros fuera y colocando en su lugar a su colega Sotomayor. El episodio confirmó que las diferencias internas ya no eran menores ni circunstanciales.

La crisis se hizo aún más evidente durante la discusión de la Ley de Egresos del Estado, cuando la bancada de Morena optó por abandonar el Pleno tras el rechazo de todas sus reservas por parte del PAN y sus aliados. En un acto calificado por sus críticos como un “berrinche legislativo”, las y los diputados de la llamada Cuarta Transformación acusaron una “farsa” parlamentaria y se retiraron del salón, con excepción de María Eugenia García Oliveros y Maribel Aguilar, quienes permanecieron en sus curules.

Para otros partidos, el mensaje es claro. Desde el PRI, la diputada Ruth Tiscareño advirtió que esta ruptura interna ya es visible no solo a nivel local, sino también en el plano nacional, donde Morena muestra divisiones entre grupos de diputados, senadores y liderazgos internos. A su juicio, la crisis que atraviesa el partido podría convertirse en un factor adverso de cara a los próximos procesos electorales.

Hoy, la pregunta ya no es si Morena está dividido, sino qué Morena prevalecerá. ¿El de la disciplina partidista o el de las agendas individuales? ¿El de los ideales de la Cuarta Transformación o el de las disputas internas por el control político? Lo cierto es que, desde el Congreso de Guanajuato, la fractura ya es inocultable y podría pasarle factura a un partido que prometió ser distinto, pero que hoy enfrenta sus propias contradicciones.